La única forma de combatir las fuerzas infernales que apoyaban el despecho y la venganza de la antigua ahijada consistía en equilibrar la balanza y unirse a alguna diabólica cofradía. El único requisito que le pidieron además de una cuantiosa donación, al parecer los muchachos de la secta necesitaban calcetines, fue cumplir con los ritos iniciáticos de inmersión y cambio de identidad, mientras alcanzaba los objetivos que cada miembro debía realizar a la perfección. No se sabe cuánto tiempo pasó aprendiendo a transitar profundamente los caminos satánicos, ya que el tiempo es relativo cuando se trata de demonios, pero fueron suficientes meses como para conseguir sus metas y, claro, sobrepasarlas: ¡Malvadina se había convertido en una sacerdotisa del mal! Y, además, ¡tuerta!
Lista para regresar al mundo, Malvadina, con una nueva identidad y con influencias en el inframundo, logró localizar a Erika y empezó a acecharla. Su comportamiento animal la volvía muy predecible, atacaba cuando tenía hambre y dormía como perrito echado. La sacerdotisa satánica cubrió todas sus huellas y se convirtió en una cazadora implacable, mientras que La Chacala aprendía a dominar todos sus nuevos poderes. Una batalla campal se avecina…
En otros asuntos:
Los nervios de María Natalí siempre habían sido frágiles, pero una noticia tan sorprendente como la que Teresa le acababa de referir no sólo le hizo temblar las rodillas, por poco y le detiene su corazoncito roto. ¿Cómo era posible que Santiago Andrés se olvidara tan rápido de ella? El recuerdo infame de ese traidor la hizo recuperar sus energías y la convirtió en una roca. Ya nada la detendría, debía luchar contra su primo y tomar las riendas de las empresas de su padre. Con la muerte de Julia, ya no había necesidad de enfrentar a su caprichosa hermana, pero ahora debía recuperar el buen rumbo moral de sus inversiones. No podía permitir que la decadencia que representaba Arnulfo Buenfil de la Zarzamora y Barnes. ¡Tenía que idear un plan! Por otra parte, una vez que se apoderara de su fortuna consumaría su venganza en contra del güerito traidor.
Teresa estaba asombrada, y un poco asustada incluso, con el brillo de odio que emanaba de los ojos de nuestra costeñita-empresaria. Chanchuyos quiso disuadirla en cuanto la escuchó pronunciar para sí misma la consigna de venganza, muy al estilo villano malévolo. La ira cubrió el espíritu de María Natalí; se volvió desconfiada, sardónica e intolerante.
Los detectives, por otro lado, estaban a punto de darse por vencidos a pesar de la pista anónima y Arnulfo, muy listo y sin tiempo que perder, quería cerrar el caso, que declararan muerta a su supuesta prima y que el consejo de las compañías lo reconociera como legítimo heredero y cabeza de los negocios del difunto padre de nuestra protagonista. Extrañamente, sin embargo, una vez que Anastacio comunicó la verdad a su hija por medio de sus amigos, empezó a sentir que la faltaban las fuerzas, el aire y se desplomó como un costal de papas. Sus últimas palabras indicaron la urgencia de enfrentar a Arnulfo y murió pronunciando, casi susurrando, el nombre de una mujer, parecía verla en su agonía y así, con un “Doloritas” y una sonrisa exhaló su último aliento. Teresa y Chanchuyos se quedaron a esperar a la ambulancia, pero instaron a María Natalí a presentarse ante los dictaminadores que, comprados por su primo, aceleraron el proceso de declararla muerta. Con toda la voluntad que el dolor de ser huérfana, porque en cuanto escuchó a Anastacio decir tan cálidamente el nombre de su madre, lo entendió todo. No tuvo tiempo de reparar en los detalles, ya se lo explicarían después sus amigos, que tenían cara de saber qué sucedía. Salió corriendo, como toda la dama que ahora era, hacia la oficina de Arnulfo, quien, apunto de firmar el documento que acreditaría su papel de heredero universal, soltó un grito cuando vio entrar a María Natalí por la puerta. La entrada triunfal dejó boquiabiertos a todos por igual, se hizo un silencio abrumador que se rompió tan pronto cuando preguntó dramáticamente: ¿Quién es usted y qué hace aquí?
No se preocupen queridos lectores, no crean que nos hemos olvidado del paradero de Santiago Andrés. Después de la traumática experiencia y de su viudez prematura, no sabía cómo reaccionar. No podía pensar y se dejó llevar por el consuelo de la Dra. Ceballos. ¿Qué fue del amor que sentía por María Natalí? No lo sabemos todavía, pero lo averiguaremos en el próximo capítulo.











